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Florece el desierto

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  • Samuel del Coso Román
    Un gran milagro aconteció aquí El desierto del Néguev está siendo escenario de un acontecimiento agrícola sin precedentes: la sequía, según se ha
    Mensaje 1 de 1 , 16 jun 2000
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      "Un gran milagro aconteció aquí"

      El desierto del Néguev está siendo escenario de un
      acontecimiento
      agrícola sin precedentes: la sequía, según se ha podido
      comprobar, no
      parecería afectar a los agricultores de Ramat Hanéguev. En
      lugar del
      riego con agua dulce, los agricultores han elaborado un sistema que
      funciona con agua salada, logrando un hecho sin precedentes a nivel
      mundial: una plantación de aceitunas, que ocupa una superficie de
      1000 metros cuadrados y que, irrigada con agua salada, ofrece una
      producción 4 veces mayor de la que se obtiene de una superficie de
      1000 metros cuadrados irrigada por agua dulce. Se ha observado la
      ventaja del agua salada en el cultivo de tomates y viñedos, y
      hasta
      los tilapias (peces de agua dulce, "Amnún" en hebreo) parecen
      haberse
      acostumbrado ya al nuevo sistema.
      Uno de los pioneros de cultivo en agua salada en el Néguev es Yoel
      de
      Malaj, miembro del kibutz Revivim.
      Así explica su éxito: "ya hemos intentado la
      utilización de agua
      salada, pero fracasamos por falta de conocimientos tecnológicos.
      Muchos fueron los escépticos en cuanto al éxito que podría
      tener el
      riego de cultivos con agua salada, extraída de una profundidad de
      300
      metros. Comenzamos con algodón, pasando a aceitunas, melones,
      tomates, etc. Estamos recibiendo apoyo del Instituto Vulcani, de la
      Facultad de Agronomía, de la Universidad de Ben Gurion y del
      Instituto Blaustein de Sde Boker".

      Actualmente, la plantación de aceitunas del kibutz Revivim es la
      más
      destacada de Israel. Como no existen restricciones en la
      utilización
      de agua salada en la zona sur del Néguev, el cultivo de aceitunas
      pasó a tener una reputación a nivel mundial. Los árboles
      fueron
      especialmente diseñados para la cosecha mecánica, con la ayuda
      de
      avanzadas maquinarias, que, sujetas al tronco, sacuden fuertemente
      las ramas hasta arrojar las aceitunas al suelo. Parte de dichas
      maquinarias fueron perfeccionadas en Israel. Gracias a este avance en
      la industria del aceite de oliva, la zona estará en condiciones de
      absorber y emplear a más población.
      Este gran éxito despertó gran interés en el círculo de
      los grandes
      empresarios, quienes ya se encuentran en plenas averiguaciones para
      la inversión en plantaciones de aceitunas.
      El cultivo de aceitunas en agua salada en el Néguev estuvo
      precedido
      por otro avance científico: el cultivo de tomates, por ejemplo,
      donde
      se comprobó que cuanto más salada es el agua utilizada, más
      dulce es
      el fruto que se recoge. Y de aquí a las aceitunas no hubo más
      que un
      corto paso.
      El principio del riego con agua salada funciona de la siguiente
      manera: la sal pone en funcionamiento la presión osmótica sobre
      la
      planta, lo que estimula la producción de azúcares, y así
      equilibra el
      porcentaje de sal. El cultivo de aceitunas en especial está
      caracterizado por la obtención de una producción más grasa.
      Durante una serie de pruebas, los agricultores se sorprendieron al
      comprobar que los árboles ofrecían cosechas inimaginables: en
      la zona
      de la Galilea, donde se alcanzó hasta el presente la media
      tonelada
      por cada 1000 metros cuadrados, se obtuvo una producción de 2
      toneladas de la misma superficie.

      Haciendo florecer el desierto del Néguev

      A menos de 20 kilómetros al sur, en Sde Boker, se encuentra la
      sepultura del primer Primer Ministro de Israel, David Ben Gurion, el
      santuario secular de su grandiosa visión de convertir el Néguev
      en el
      corazón de Israel. Ben Gurion se hubiera complacido con los
      piscicultores, quienes durante el último año han utilizado los
      elementos del desierto para producir alimento.

      El cinturón septentrional del Néguev, entre Kiryat Gat y
      Beersheva,
      es un testimonio del éxito. Una alfombra verde de trigo invernal
      cubre los campos de los kibúts y moshav, una cesta de pan creada
      con
      la irrigación y los resueltos esfuerzos de asentamiento en los
      últimos 50 años.
      Y sin embargo, no es el desierto
      realmente lo que florece aquí, dice el Profesor Uriel Safriel del
      Instituto Blaustein para la Investigación del Desierto en Sde
      Boker. "Hemos convertido en un auténtico vergel las zonas
      semiáridas", al norte del desierto propiamente dicho, nos dice.
      "El
      resto lo hemos convertido en vergel de forma irregular". El objetivo
      en los primeros años, nos explica, era "simplemente poner nuestras
      picas en todas partes en Israel. Lo que hicimos fue evitar que el
      terreno de pasto se convirtiera en desierto transformándolo en
      tierras de cultivo".

      En una región como ésta, nada tiene más valor que el agua. Y
      desde
      1989, la comisión nacional de recursos hidrológicos bombea
      aguas
      residuales tratadas, procedentes de la planta de reciclaje de la
      región de Dan, llevándolas hasta los kibutsim y poblaciones,
      donde se
      aprovechan para la irrigación de árboles frutales y verduras.
      Casi la
      mitad del agua que se utiliza en el Néguev, sorprendentemente,
      procede de esta fuente reciclada, 115 millones de metros cúbicos
      al
      año. Este volumen se va a duplicar el año que viene en cuanto
      se
      acaben de construir varios enormes depósitos incluyendo el
      proyecto
      del Fondo Nacional Judío en la zona noroccidental de Besor.
      Los agricultores del desierto están explotando también una
      fuente
      prácticamente inagotable de agua caliente y salobre extraída de
      una
      antigua capa freática a unos 1.000 metros de profundidad en el
      desierto.

      El agua fue descubierta hace unas dos décadas, pero en un
      principio
      se pensó que no se podía utilizar.
      Este uso ingenioso del agua salobre y residual para cultivar
      productos agrícolas de alta calidad en el desierto es
      principalmente
      el resultado de una estación de investigación agrícola,
      creada en
      1981 en Ramat Hanéguev, una amplia meseta al suroeste de
      Beersheva.
      Científicos e investigadores han desarrollado métodos para que
      las
      plantas soporten mejor la salinidad del agua y han encontrado
      técnicas que permiten cultivar productos de primera clase con agua
      de
      segunda clase.

      Las piscifactorías son una parte esencial dentro del ciclo
      agrícola,
      como se puede observar en Kadesh Barnea, una comunidad aislada de 25
      familias que cultiva 60.000 peces de San Pedro en lo alto del
      desierto arenoso en la frontera con Egipto.

      Y lo que Ben Gurion proclamaba como "prueba
      definitiva", "conseguir dominar las tierras baldías" en el sur,
      porque "si el estado no pone fin al desierto, el desierto pondrá
      fin
      al estado", ha sido superada. ¿Quién teme ahora que el desierto
      nos
      invada, cuando Israel cultiva peces en él?
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