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El español no viene del latín

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  • Juan Blanco
    ... El español no viene del latín En muchas ocasiones, algunas teorías que son conocidas para los iniciados o expertos en una materia pasan al dominio
    Mensaje 1 de 2 , 16 sep 09:44

      ----- tomado de la lista Ideolengua -----

      El español no viene del latín

      En muchas ocasiones, algunas teorías que son conocidas para los iniciados o expertos en una materia pasan al dominio público mucho tiempo después de que han sido aceptadas por los especialistas. Lo que voy a comentar ahora puede que sea del conocimiento (al menos como teoría) de algunos miembros de la lista. Para mí es una idea nueva y novedosa que explicaría muchos fenómenos y que abre nuevas posibilidades de investigación.

      Acaba de aparecer en Francia (en realidad apareció en junio de este año, pero recién ahora comienza a hacer noticia, luego de terminadas las vacaciones de verano) un estudio del lingüista francés Yves Cortez sobre lo que llama él una "aberración lingüística": su tesis —de más está decir que es iconoclasta, revolucionaria e interesantísima— es que el francés y las otras lenguas romances no provienen del latín sino del italiano arcaico. El latín era ya una lengua muerta en tiempos de Augusto, cuando Cristo viene al mundo y sólo era utilizada para la escritura y la redacción de documentos. Sino, ¿por qué las sintaxis española, italiana, portuguesa y francesa se parecen tanto entre sí y difieren al mismo tiempo tanto de la lengua madre? ¿Por qué no colocamos el verbo al final, como en latín? ¿Por qué no hay declinaciones ni el género neutro? 

      En cambio, la gente no hablaba latín, sino esta lengua, QUE NO ES DESCENDIENTE sino HERMANA del latín. El autor la llama "italiano antiguo" (italien ancien). A mí me gustaría llamarla más bien paleo-italiano. En  otras palabras, no hubo tal degradación del latín. El latín, sencillamente, no dejódescendencia. El paleoitaliano y el latín serían dos hermanasprovenientes del tronco itálico de las lenguas indoeuropeas.

      El libro está dedicado a demostrar en qué se basa para llegar a esta conclusión.

      La motivación de este estudio es la piedra de tranca del análisis histórico de la evolución de las lenguas latinas, a saber, la ausencia de continuidad entre el latín y las lenguas derivadas (italiano, español, francés, portugués). El concepto de "bajo latín" o de "latín vulgar" —en el que las preposiciones sustituyeron a las declinaciones— fue inventado para explicar una filiación eventual. La transformación del latín en lenguas romances da lugar siempre a explicaciones confusas, según el autor, y en este sentido prueba —según algunos, de manera irrefutable— que los antiguos Romanos no hablaban latín cuando comenzó la época imperial (estamos hablando de César en adelante), sino italiano, un forma de italiano arcaico, próxima del italiano moderno, que cubrió todas las lenguas de la península itálica desde el siglo II A.C.

      La demostración, al estilo de una encuesta policíaca, está compuesta de siete pruebas establecidas con mucho rigor científico. Cabe preguntarse: ¿cómo es posible que tal evidencia no haya sido descubierta antes? El autor analiza las razones de este cegamiento: la responsabilidad recae sobre los letrados e investigadores aplastados por el peso del dogma establecido (impresionante es cómo la historia se repite una y otra vez). Quizá en la manera en que redacta esta sección del libro esté el defecto de este maravilloso trabajo: es demasiado burlón, sarcástico e irónico, lo que pareciera restarle seriedad.

      En mi opinión, esto resuelve muchos problemas (el mayor -a mi parecer- la absoluta carencia de similitud de las lenguas romances con el latín en cuanto a la sintaxis, y la semejanza extraordinaria entre ellas, aún en lenguas geográficamente tan distantes como el castellano y el italiano). Por cierto, este fenómeno (lengua hablada diferente de lengua escrita) no es raro ni nuevo. En la Palestina antigua, coexistían el hebreo (escrito, no hablado) y el arameo (que era la lengua hablada).

      Así pues, el español descendería del italiano (lo que explicaría la extraordinaria proximidad en la sintaxis, morfología y otros elementos entre estas dos lenguas). Eso explicaría también por qué las lenguas romances no se parecen a su lengua madre. Pero lo más impactante y trascendente es que todas las etimologías son ahora ¡falsas! porque habría que rastrearlas, no hacia el latín, sino hacia el italiano. Imagino los vientos huracanados que una propuesta como ésta va a desencadenar.


      Título del libro (disponible por ahora solamente en francés)

      Le français ne vient pas du latin ! :
      Essai sur une aberration linguistique

      Yves Cortez
      Ed. Broché

       


       
    • Silvia BM
      Ante tamaña majadería me limito a recomendar esta excelente obra, particularmente atractiva en la originalidad de aplicar la teoría de catástrofes al
      Mensaje 2 de 2 , 16 sep 16:23
        Ante tamaña majadería me limito a recomendar esta excelente obra, particularmente atractiva en la originalidad de aplicar la teoría de catástrofes al derrumbe del latín conocido como tal y el surgimiento de los romances europeos, en particular el castellano. Está publicada en la Editorial Gredos:
         
        Cómo surgió el español. Introducción a la sintaxis histórica del español antiguo

        Autor: López García, Ángel

        El estudio de la sintaxis histórica de las lenguas románicas, entre ellas la del español, está conociendo una verdadera Edad de Oro. Y ello porque desde hace algunos años somos plenamente conscientes de que oralidad y escritura llevan vida independiente y de que, en especial durante una época bárbara como fue la Alta Edad Media, una cosa era hablar romance y otra escribirlo. ¿Desde cuándo se escribe en español?: desde que dejó de escribirse en latín. Pero si intentásemos trazar una frontera nítida dentro de la tradición textual latina, veríamos que el cambio más importante se da ya en el siglo IV d. C. con las primeras versiones latinas de los textos bíblicos. La tesis de esta obra es que el español escrito surge morfológicamente en los textos del siglo XIII (en el Cid, en la Fazienda, en Berceo...), pero que, desde el punto de vista sintáctico textual, sus rasgos más característicos se dan ya en el siglo IV a. C.
        ¿Hasta qué punto se trata de una hipótesis revolucionaria? El autor se ha propuesto aplicar a la sintaxis una idea ensayada por D. Ramón Menéndez Pidal en sus Orígenes del español para la fonología y para la morfología. Sin embargo, la sintaxis es un componente muy especial, cuyo método no puede permanecer ajeno a los últimos descubrimientos de la lingüística cognitiva. Por eso, la aludida hipótesis de trabajo se cimenta en dos apoyos metodológicos imprescindibles: de un lado, la Tipología, que permite ilustrar cómo el latín — una lengua de construcción nominal — inicia en el siglo IV d. C. una evolución gradual que la convierte finalmente en una lengua de rección verbal allá por el siglo XI; de otro lado, la teoría de catástrofes, que proporciona un modelo original y apasionante para entender las etapas y los avatares de ese proceso evolutivo.

        El autor

        Ángel López García, catedrático de Lingüística General de la Universidad de Valencia, ha renovado los estudios lingüísticos desde la perspectiva de la Lingüística cognitiva llamada Gramática liminar. Entre sus obras hay que destacar su Gramática del español (1992-1998) en tres volúmenes.


        236 págs.
        Lugar de publicación: Madrid



        Juan Blanco <juanblancop@...> escribió:
        ----- tomado de la lista Ideolengua -----
        El español no viene del latín
        En muchas ocasiones, algunas teorías que son conocidas para los iniciados o expertos en una materia pasan al dominio público mucho tiempo después de que han sido aceptadas por los especialistas. Lo que voy a comentar ahora puede que sea del conocimiento (al menos como teoría) de algunos miembros de la lista. Para mí es una idea nueva y novedosa que explicaría muchos fenómenos y que abre nuevas posibilidades de investigación.
        Acaba de aparecer en Francia (en realidad apareció en junio de este año, pero recién ahora comienza a hacer noticia, luego de terminadas las vacaciones de verano) un estudio del lingüista francés Yves Cortez sobre lo que llama él una "aberración lingüística": su tesis —de más está decir que es iconoclasta, revolucionaria e interesantísima— es que el francés y las otras lenguas romances no provienen del latín sino del italiano arcaico. El latín era ya una lengua muerta en tiempos de Augusto, cuando Cristo viene al mundo y sólo era utilizada para la escritura y la redacción de documentos. Sino, ¿por qué las sintaxis española, italiana, portuguesa y francesa se parecen tanto entre sí y difieren al mismo tiempo tanto de la lengua madre? ¿Por qué no colocamos el verbo al final, como en latín? ¿Por qué no hay declinaciones ni el género neutro? 
        En cambio, la gente no hablaba latín, sino esta lengua, QUE NO ES DESCENDIENTE sino HERMANA del latín. El autor la llama "italiano antiguo" (italien ancien). A mí me gustaría llamarla más bien paleo-italiano. En  otras palabras, no hubo tal degradación del latín. El latín, sencillamente, no dejódescendencia. El paleoitaliano y el latín serían dos hermanasproveniente s del tronco itálico de las lenguas indoeuropeas.
        El libro está dedicado a demostrar en qué se basa para llegar a esta conclusión.
        La motivación de este estudio es la piedra de tranca del análisis histórico de la evolución de las lenguas latinas, a saber, la ausencia de continuidad entre el latín y las lenguas derivadas (italiano, español, francés, portugués). El concepto de "bajo latín" o de "latín vulgar" —en el que las preposiciones sustituyeron a las declinaciones— fue inventado para explicar una filiación eventual. La transformació n del latín en lenguas romances da lugar siempre a explicaciones confusas, según el autor, y en este sentido prueba —según algunos, de manera irrefutable— que los antiguos Romanos no hablaban latín cuando comenzó la época imperial (estamos hablando de César en adelante), sino italiano, un forma de italiano arcaico, próxima del italiano moderno, que cubrió todas las lenguas de la península itálica desde el siglo II A.C.
        La demostración, al estilo de una encuesta policíaca, está compuesta de siete pruebas establecidas con mucho rigor científico. Cabe preguntarse: ¿cómo es posible que tal evidencia no haya sido descubierta antes? El autor analiza las razones de este cegamiento: la responsabilidad recae sobre los letrados e investigadores aplastados por el peso del dogma establecido (impresionante es cómo la historia se repite una y otra vez). Quizá en la manera en que redacta esta sección del libro esté el defecto de este maravilloso trabajo: es demasiado burlón, sarcástico e irónico, lo que pareciera restarle seriedad.
        En mi opinión, esto resuelve muchos problemas (el mayor -a mi parecer- la absoluta carencia de similitud de las lenguas romances con el latín en cuanto a la sintaxis, y la semejanza extraordinaria entre ellas, aún en lenguas geográficamente tan distantes como el castellano y el italiano). Por cierto, este fenómeno (lengua hablada diferente de lengua escrita) no es raro ni nuevo. En la Palestina antigua, coexistían el hebreo (escrito, no hablado) y el arameo (que era la lengua hablada).
        Así pues, el español descendería del italiano (lo que explicaría la extraordinaria proximidad en la sintaxis, morfología y otros elementos entre estas dos lenguas). Eso explicaría también por qué las lenguas romances no se parecen a su lengua madre. Pero lo más impactante y trascendente es que todas las etimologías son ahora ¡falsas! porque habría que rastrearlas, no hacia el latín, sino hacia el italiano. Imagino los vientos huracanados que una propuesta como ésta va a desencadenar.

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