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PARA QUÉ TE HIZO DIOS, ENTREVISTA A OMHALL; LAS GRA TAS SABIDURÍAS DEL MERCADO

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  • Abjini Arraiz
    ... De: Carmelo Urso Fecha: 10 de marzo de 2010 09:29 Asunto: PARA QUÉ TE HIZO DIOS, ENTREVISTA A OMHALL; LAS GRATAS SABIDURÍAS
    Mensaje 1 de 1 , 10 mar 2010
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      ---------- Mensaje reenviado ----------
      De: Carmelo Urso <entiempopresente4@...>
      Fecha: 10 de marzo de 2010 09:29
      Asunto: PARA QUÉ TE HIZO DIOS, ENTREVISTA A OMHALL; LAS GRATAS SABIDURÍAS DEL MERCADO
      Para:




      Estimados amigos y amigas:

      Escribo esto a un solo ojo: una queratitis aguda afecta mi globo ocular derecho. Mi oftalmólogo es optimista -yo también- y me dice que en un mes estaré bien. Así que les escribo esto rápidamente y me voy a la cama a cumplir mi reposo. No sea que mi esposa me eche un muy merecido regaño...

      Esta semana en mi blog

      http://carmelourso.wordpress.com/

      Ignoro de qué parte de Iberoamérica me escribe OMHALL (http://omhall.blogspot.com). No obstante, la persona que se oculta bajo ese amable seudódimo me ha concedido una interesante entrevista sobre el Amor que es Todo. Además, podrán leer su nota "Aproximación al Amor Incondicional en clave de Poesía".

      El novel artista gráfico venezolano JAHZ (hoy es día de seudónimos) revela su faceta poética y debuta en mi página con el agradable texto "El Despertar". Mas escritos de JAHZ en
      http://solo50.wordpress.com/category/jahz/.

      De mi autoría, dos notas que escribí antes de mi afección ocular: una larga ("¿Para qué te hizo Dios?") y otra brevísima intitulada "El Beso".


      Con el presente correo, adjunto mi crónica "Las gratas sabidurías del mercado".

      Saludos desde una sofocante Caracas que padece en marzo un bochorno propio de agosto,

      Carmelo Urso

      LAS GRATAS SABIDURÍAS DEL MERCADO

      carmelourso | Marzo 1, 2010 at 3:22 am | Categorías: Tiempo Presente | URL: http://wp.me/pumK7-qp

      El Mercado Guaicaipuro de Caracas hacia 1950

      Carmelo Urso

      http://carmelourso.wordpress.com/

      entiempopresente4@...

      twitter: @carmelourso

      http://twitter.com/carmelourso

      http://lablogoteca.20minutos.es/carmelo-urso-en-tiempo-presente-11984/0/

      Me encanta hacer compras en el mercado.

      Probablemente sea porque en mi infancia aprendí allí muchas cosas.

      Dejen que me explique.

      Desde la tierna edad de cinco años, mis padres solían llevarme a efectuar la compra semanal de alimentos. Éramos tempraneros: cada sábado, a las 7 de la mañana, amanecíamos en “Guaicaipuro”, unos de los mercados mejor surtidos de la Gran Caracas.

      “Guaicaipuro”, ubicado en la populosa Avenida Andrés Bello, es lo que conocemos en Venezuela como un “mercado libre” o “mercado popular”. No dispone de aire acondicionado, lujosos estantes o cómodos pasillos de tránsito: es una inmensa, arcaica estructura, donde bulliciosos “marchantes” vocean sus mercaderías desde ancestrales tarantines. Carece del más mínimo glamour… pero en él, el sabio comprador halla los más diversos productos, desde pulposos tomates margariteños hasta esbeltos espárragos hidropónicos.

      Pocas veces mis padres se ponían de acuerdo en alguna cosa. Hacer mercado no era la excepción. ¡Sus visiones sobre el arte de comprar eran irreconciliables! Papá discutía a mamá cada centavo gastado de más; mamá reñía a papá por la calidad no siempre óptima de la vitualla que llevaba a casa.

      De tal suerte, una vez que arribábamos a “Guaicaipuro”, mi madre tomaba un rumbo… ¡y mi padre otro! Hora y media después, con puntualidad marcial, nos reencontrábamos en un sitio previamente acordado.

      A veces, mi hermano y yo a íbamos con papá… y a veces con mamá.
      Hacer el mercado con cada uno de ellos era una experiencia distinta... ¡cada modo implicaba aprendizajes diametralmente opuestos!

      Papá no solía comprar en el propio “Guaicaipuro” (allí sólo se abastecía de carnes), sino en los alrededores, donde se apostaban los buhoneros.
      Con escasa plata –e inigualable capacidad de regateo- mi padre llevaba bolsas y bolsas y bolsas de comida a casa. En su compra, no había mucha variedad ni abundaban “exquisiteces”. Se especializaba en los rubros básicos de la alimentación: carne, granos, verduras, harinas, aceites y –por supuesto- macarrones y tomate (esenciales en la dieta de todo italiano del Sur).

      Con papá, hacer mercado era un implacable ejercicio de administración de recursos escasos y maximización de ganancias: con poco obtenía mucho.

      Una vista de mi ciudad natal, Caracas

      Con mamá, cada viaje al mercado se convertía en una clase magistral de apreciación estética, una erudita lección de sabiduría botánica y gastronómica; cada excursión al viejo coloso de la Avenida Andrés Bello era una oportunidad para contemplar la variada e infinita belleza de la Vida a través de sus elementos más cotidianos.

      “Guaicaipuro” se transformaba así en una suerte de “Biblioteca de Babel”: cada planta medicinal revelaba sus insólitos secretos; cada condimento era enaltecido en sus singulares virtudes; ¿cómo saber si una parchita, una berenjena, un mapuey o una papaya eran aptos para ser adquiridos o no? Mamá lo explicaba detalladamente. ¿Por qué comprar un solo tipo de cambur cuando existían tantas sabrosas variedades? ¿Una nueva fruta llegaba del extranjero? ¡Había que probarla! Y no es que ella no supiera regatear, ¡pero podía pagar un poco más si la ocasión merecía la pena!

      No toleraba imperfecciones en una guanábana, en un níspero, en un tomate de árbol, en un aguacate: adquiría únicamente las frutas más frescas y coquetas; sus bolsas de mercado sólo se llenaban de los más sápidos tesoros.

      Llegados a casa, mostraba triunfal su compra; entonces –señalando un coco, una sandía o un anón- preguntaba: “¿Hijos, saben por qué los compré?”. Y ella misma respondía: “¡Por su belleza!”.

      Tomaba los que se le antojaban más hermosos y los armonizaba en forma de bodegón; luego, trazaba un boceto con lápiz y papel; días después, el boceto se transformaba en soberbio lienzo al óleo que vendía a sus clientes.

      Es un privilegio haber sido criado por una mujer que convertía sus compras de mercado en cuadros para una exposición.

      También es un privilegio haber sido criado por un hombre que fue excelente administrador de sus ingresos… ¡especialmente en un país que ha padecido constantes crisis económicas y sociales durante las últimas décadas!

      Confieso que me gustaba más hacer el mercado con mamá; pero ahora, que mantengo a una familia, trato de poner en práctica toda la sabiduría administrativa de papá…

      Mi padre y mi madre nunca llegaron a reconciliar sus visiones de las compras y de la Vida. En este instante presente, el mejor homenaje que puedo hacerle a ambos es armonizar sus enseñanzas en una Sola Voz. Fundirlas en un único y amoroso cauce de sabiduría, que impregne mi mente con la Paz de ese infinito Padre-Madre que es Uno y no conoce de fronteras, rencillas, divisiones…

      Sí… son cosas en las que a veces pienso… cuando voy de compras al mercado…

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      Abjini Arráiz
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