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    BOCA ABAJO Manuel Rivas El País Según el Talmud, Dios inventó el ser humano para oírle contar cuentos. Ésta es una. Otra: Dios, previsor, temeroso de un
    Mensaje 1 de 1 , 3 sep 2007
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      BOCA ABAJO

      Manuel Rivas
      El País

      Según el Talmud, Dios inventó el ser humano para oírle contar
      cuentos. Ésta es una. Otra: Dios, previsor, temeroso de un Alzheimer
      divino, creó al ser humano para depositar en alguien la facultad de
      recordar. En el móvil, algunos mensajes llegan hoy desde lo
      desconocido. Son graffitis electrónicos. Uno dice con humor: "De
      este mundo no podemos caernos". Otro informa con horror: "Día
      Mundial de los Desaparecidos. En España, todavía 30.000 cadáveres
      secretos en fosas comunes. Exige justicia para ellos". La conciencia
      es digital. Andrés Crespo, arqueólogo, está acostumbrado a que la
      memoria trabaje con los dedos; por eso se le han trabado las
      rodillas y usa muletas para andar, tantas horas hincado en la húmeda
      fosa. Pero hay que seguir con paciencia infinita la grafía de los
      huesos. Un muerto lleva a otro. Una costumbre vikinga aconsejaba
      sepultar el cuerpo boca arriba. Y la boca era lo último en cubrir,
      por si el difunto tenía una última palabra. En las fosas españolas
      muchos cuerpos fueron colocados boca abajo, para que no hablasen
      nunca. En Gordaliza del Pino, entre dos esqueletos humanos apareció
      el de un perro con orificios de bala. Los asesinos no querían
      ninguna clase de testigos incómodos. En Fonsagrada, este agosto, los
      11 cuerpos estaban boca arriba, engarzados los unos en los otros
      como un gran amuleto de la montaña. Estaban colocados con una cierta
      voluntad de estilo, quizá porque los enterradores habían sido niños
      campesinos, llevados a la fuerza ante la ausencia de los adultos. Se
      pudo llegar a esa fosa, al lugar secreto, gracias a un romance que
      la gente cantó durante 70 años en voz baja. Bruce Chatwin contó que
      entre ciertos aborígenes australianos había un tipo de caminos que
      sólo se podía andar siguiendo los pasos de un cantar. Los caminos de
      la canción. La copla de Fonsagrada tenía razón. La estrategia de la
      memoria es sorprendente. Nunca ningún juez investigó esas coplas.
      Nunca se investigó un crimen del thriller franquista. Son un puñado
      de gente, de voluntarios civiles. Desde el año 2000 han exhumado 75
      fosas y recuperados los cuerpos de 1.024 desaparecidos. Javier
      Ortiz, arqueólogo, excava la impunidad oculta con un modelador de
      dentista, del tamaño de una estilográfica. Esa herramienta ha
      trabajado más por la justicia que todo un Estado.
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